Observar con atención el pico, las alas, las patas, las plumas decorativas y el color tanto del plumaje como de las partes desnudas de un ave nos permitirá diferenciar correctamente su especie, su sexo, su edad, su alimentación e incluso la época del año en la que estamos. Por eso es fundamental prestar atención a estos detalles cuando realizamos una ilustración científica.

Las aves presentan picos muy distintos dependiendo de su alimentación. Por ejemplo, las aves que se alimentan de frutas y bayas presentan un pico robusto para romper semillas. En el caso del guacamayo, además, es muy curvado, lo que le permite trepar. Otras aves, como la espátula, tienen el pico en forma de cuchara para poder buscar alimento entre el lodo. Los colibríes, por otro lado, tienen picos en forma de tubos muy finos para sorber el néctar de las flores.

“Pico de la Urraca – La herramienta más versátil”, de Ángel Ramón Moya Muñoz. Su pico es capaz de sostener todo tipo de objetos de diverso tamaño gracias a su fuerte estructura y gran elasticidad. Su anchura y longitud hacen de él un poderoso estilete, usado tanto a modo de arma defensiva como de tijera, pala o palanca para remover tierra, rocas y romper cortezas de árbol con gran facilidad.

Las alas son uno de los órganos más característicos de los pájaros y su posición varía según la acción que realicen, como planear o aterrizar. Para dibujarlas correctamente, necesitamos comprender su anatomía y los grupos de plumas que presentan. Podemos distinguir, por ejemplo, las plumas remeras primarias de las secundarias. Si intentamos crear equivalencias entre el cuerpo de un humano y el de un pájaro, las plumas remeras primarias se anclarían a nuestra mano. Son las plumas más largas de “los brazos” de las aves. Las remeras secundarias, más cortas, se anclarían a nuestro antebrazo y cubrirían a las primarias. Las plumas remeras están dispuestas igual que las tejas de un tejado.

De la misma forma que en el caso de las alas, las patas de las aves pueden equipararse a nuestras piernas. Los muslos (el fémur) serían mucho más cortos y quedarían escondidos bajo las plumas, pegadas al vientre. La pantorrilla (la tibia) puede verse a simple vista cubierta por pequeñas plumas y dirigida hacia atrás. La parte de las patas que solemos ver descubierta sería el tarso de nuestros pies, muy alargado en el caso de las aves. Las patas suelen estar cubiertas por escamas que protegen su piel. A la hora de dibujarlas, se aplicará a cada una el mismo tipo de sombra que a un cilindro.
Las patas nos dan información del hábitat de una especie. Por ejemplo, las patas de aves acuáticas como el pelícano presentan una membrana interdigital ideal para remar y disminuir la presión sobre la superficie del agua cuando corren por encima de ella justo antes del alzar el vuelo. En cambio, las patas de un gallo, que le permiten escarbar, presentan una pronunciada curvatura en las uñas. Esto también es común en aves que se agarran a las ramas, como los gorriones. Lo mismo ocurre con las uñas de las aves rapaces, aunque estas son más grandes y afiladas.

“Pico Picapinos (Dendrocopos major)”, de Lucía Gómez Serra. El color de la cabeza de esta ave permite diferenciar su sexo y su edad. De izquierda a derecha: hembra, macho y juvenil. Sus garras curvadas le permiten sujetarse a las ramas.

Consejo de experto
Para conseguir un dibujo realista y riguroso es extremadamente importante respetar las proporciones. La altura frente a la anchura, la envergadura de las alas, el tamaño de la cabeza respecto al cuerpo o el pico, etc. A la hora de dibujar podemos ayudarnos de una retícula. A partir de ahí, elaboramos los detalles morfológicos que caracterizan a la especie, las sombras y las texturas.

 

Oreotrochilus leucopleurus – Camilo Maldonado