El objetivo de la ilustración científica es representar una realidad compleja de la manera más clara posible. En el caso de querer representar la anatomía de una planta, por ejemplo, la ilustración se plantea como el recurso más eficiente ya que permite esquematizar las estructuras internas para poderlas representar con mayor claridad. Otro ejemplo muy válido es el caso de la anatomía humana: una fotografía de un órgano puede resultar desagradable y poco clara. En cambio, una ilustración permite ver más allá y apreciar todos los detalles anatómicos del órgano. En estos casos la ilustración resultaría un recurso tan válido como un texto, ya que aporta la información de manera visual y esquemática. 

Muchas veces se considera que la imagen es un elemento meramente decorativo que no aporta ningún tipo de información al texto. En el caso de la ilustración científica este concepto no tan solo es falso sino que no podría estar más lejos de la realidad. Una ilustración botánica puede aportar tantos o más elementos como un texto escrito, con la gran diferencia que mediante el dibujo es mucho más fácil esquematizar y visualizar los conceptos expuestos. 

La gran diferencia es que la ilustración se puede manipular para conseguir mostrar la parte que más nos interesa. Por ejemplo, es muy difícil fotografiar organismos vivos en su medio de tal forma que sean didácticos y mediante la ilustración conseguimos eliminar el exceso de información y sintetizar el elemento de forma clara. La ilustración científica ofrece más información que una fotografía. Sin embargo, la ilustración necesita y se apoya en muchas ocasiones de la fotografía. Además, hay elementos que no se pueden fotografiar (como animales extintos o reconstrucciones históricas) y la única forma de visualizarlos es a través del dibujo.

Alalcomenaeus cambricus – Roman Garcia