Ilustración de María Vendrell
Santiago Ramón y Cajal, padre de la neurociencia, nació en Petilla de Aragón, Navarra, en el año 1852. Ya desde pequeño se sintió atraído por las Artes, con una especial habilidad para el dibujo. Su padre, médico cirujano, le instó a que estudiase Medicina, carrera que cursó en la Universidad de Zaragoza. Dedicó sus primeros años de carrera a la enseñanza universitaria y la investigación de histología general, estudiando los tejidos musculares, y otras cuestiones sobre microbiología
Su investigación siempre fue acompañada de la observación a través del microscopio, aunque todo cambiaría cuando en 1887 un colega le dio a conocer el método de Golgi. Con su tinción, desarrollada por el científico italiano Camillo Golgi, Cajal pudo colorear las células cerebrales que había estado estudiando para un texto sobre histología. Los métodos de observación tradicionales no le habían permitido desenmarañar las estructuras celulares neuronales, sin embargo, con esta tinción pudo ver claramente la morfología de una neurona al completo. Esto permitió que Ramón y Cajal fundamentase su doctrina neuronal, en la que se estableció que las neuronas eran células independientes y que se comunicaban las unas con las otras enviando y recibiendo información. De esta época es una de sus obras más importantes, la Textura del sistema nervioso del hombre y de los vertebrados, en la que se asientan las bases de la neurociencia moderna. Gracias a estos estudios sobre la estructura del sistema nervioso, Santiago Ramón y Cajal y Camillo Golgi fueron galardonados conjuntamente con el Premio Nobel de Medicina en el año 1906.
Sin embargo, ante la imposibilidad de obtener una imagen microscópica de las conexiones neuronales, Cajal recurrió a la ilustración como método de estudio y difusión. Describiendo con especial cuidado y detalle la morfología de las células nerviosas, fue capaz de seguir avanzando en sus investigaciones. De hecho, lo que algunos científicos consideraban como cristalizaciones en forma de aguja en las preparaciones producidas por la tinción Golgi, Ramón y Cajal
propuso la existencia de las espinas dendríticas, protuberancias en la membrana del árbol dendrítico donde se produce la sinapsis.
Aun así, a falta de los instrumentos necesarios para observar en el microscopio lo que Cajal sí que era capaz de visualizar, identificar e ilustrar; la comunidad científica recibió los nuevos descubrimientos con cierto escepticismo, desconfiando de la veracidad de sus ilustraciones y, según el CSIC, tildándolas como interpretaciones artísticas.
En este sentido, la inexistencia de herramientas capaces de captar una imagen de lo que se veía a través del microscopio, llevó a muchos científicos a trabajar sus cualidades artísticas para reproducir con la mayor claridad posible todas sus observaciones. No fue hasta la segunda mitad del siglo XX, con la invención del microscopio electrónico, cuando se pudo demostrar que las ilustraciones de Cajal eran, definitivamente, rigurosas.
Actualmente, aunque la obra de Santiago Ramón y Cajal sigue siendo expuesta en museos y su nombre aparezca en libros de texto, centros de investigación, universidades e incluso calles; sus grandes aportaciones a la ciencia, especialmente sus más de 2.900 ilustraciones, siguen pasando desapercibidas en nuestra sociedad.

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