EN LA ERA DE LOS DINOSAURIOS NO HABÍA CAMPOS DE GOLF: LA IMPORTANCIA DEL PAISAJE EN LA ILUSTRACIÓN CIENTÍFICA

ROC OLIVÉACADEMIA ILLUSTRACIENCIA

Como paleoartista e ilustrador científico, siempre he estado más preocupado por ilustrar las especies animales sin prestar demasiada atención a su hábitat… ¡Grave error!

A lo largo de mi carrera pocas veces he recreado hábitats o escenarios. La mayoría de ilustradores científicos nos centramos en la especie concreta – que suficiente trabajo nos da a veces como para pensar en ponerla en su hábitat -, pero con el tiempo y a raíz de mi ultimo libro, LA CATALUNYA PREHISTÓRICA (Editorial Cossetania), donde se me propuso crear nada más ni nada menos que 25 paisajes de diferentes periodos geológicos diferentes, aprendí algunas lecciones muy valiosas.

¡25 paisajes de diferentes etapas geológicas! Todo un reto, y no solamente por la cantidad de trabajo, sino por la cantidad de información que como paleoartista debía de procesar.

Algunos pensaréis: “¡Bueno, entiendo que hay más trabajo, pero al fin y al cabo es poner tus animales prehistóricos en un bosque o una pradera y ya está!” Eso pensaba yo también, pero al hablar con especialistas en ecosistemas prehistóricos (paleoambientologos), vi que se avecinaba un trabajo de investigación importante. El momento clave fue cuando dibujé un grupo de hadrosáuridos (Pararhabodon isonensis) en la comarca del Pallarse Jussà (Lleida) hace 70 millones de años. Los dibujé comiendo hierba tranquilamente en un prado y, ¿por qué no? Eran herbívoros, vivían en manadas…

El problema más notorio fue que la hierba y, por ende, los prados tal y como los conocemos no existían durante la era de los dinosaurios. Las sabanas y los prados no aparecieron hasta el periodo Mioceno, hace 15 millones de años. O sea, que los herbívoros anteriores al periodo Mioceno no pastaban en herbazales.

¡Vaya por dónde! Esas bonitas escenas de triceratops pastando como búfalos en las praderas mesozoicas eran escenas científicamente incorrectas. A partir de este hecho me di cuenta de que los paisajes no eran un mero telón de fondo, sino que forman parte del ecosistema y, por lo tanto, se deben tratar con el rigor con que tratamos las especies que incluimos en dicho ecosistema.

Cabe decir que, en algunos casos, los paisajes actuales están muy vinculados a ciertos ecosistemas que tenemos muy en mente, como la sabana africana con sus grandes mamíferos, los acantilados costeros con sus aves marinas nidificando o las riberas selváticas con su multitud de reptiles, aves e insectos… Pero sin restar dificultad al hecho de hacer una buena recreación de un paisaje o un ambiente actual, cuando debemos crear un ambiente que parezca igual de realista añadiendo la barrera del tiempo, la dificultad crece exponencialmente cuánto más atrás viajamos en el tiempo.

Un paisaje de la sabana africana de hace un millón de años será bastante parecido, por no decir casi igual, que el actual. Pero si reculamos atrás en el tiempo, a la África de hace 80 millones de años, por ejemplo, vemos que las sabanas no existían y que el Sáhara era una zona pantanosa. Si aún nos vamos más atrás, descubrimos que los paisajes cada vez parecían más extraterrestres. En el Carbonífero, hace 300 millones de años, no había ningún tipo de planta angiosperma o planta con flor. Por ende, los paisajes de pinos, robles, abedules, higueras, chopos y un largo etcétera no existían. Los bosques los formaban helechos gigantes, licopodios, algunos de hasta 70 metros de altura. Si nos vamos al periodo Silurico, hace unos 400 millones de años ,veríamos un paisaje aún mas extraño, sin arboles, sin ningún tipo de animal vertebrado terrestre. Tan solo artrópodos y pequeñas plantas sin hojas ni frutos ni flores, parecidas al musgo, tapizarían las zonas húmedas del planeta.

En conclusión, el paisaje también es una parte importantísima de la ilustración científica: nos cuenta una historia, nos puede decir en qué parte del planeta e incluso en qué período geológico estamos.

Algunos ilustradores científicos, como Douglas Henderson, han echo del paisaje el protagonista de sus ilustraciones científicas, dotándolas no solo de rigor sino también de una belleza romántica brutal. No olvidemos que el ilustrador científico también es un artista y, por lo tanto, un buen paisaje no solo debe ser correcto científicamente sino que debe tener todos los ingredientes de luz, sombra, profundidad, atmósfera y color que se precisan para ser también una buena obra artística.

 

 

Si te interesa conocer las experiencias profesionales de varios ilustradores científicos entra en IllustraQUESTIONS y descubre como han logrado dedicarse a esta profesión.

 

 

DESCUBRE LAS CLAVES PARA CREAR ILUSTRACIONES CIENTÍFICAS PRECISAS Y CAUTIVADORAS CON ESTOS 9 EJERCICIOS PRÁCTICOS

¡Obtén tu copia y aprende dibujando!

Descargar ahora